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Diario de Navegación de Don Juan Francisco Aguirre. 19 de enero de 1784

“…Llegamos al puerto de este pueblo la mañana del 19 de enero de 1784 (…) podemos contemplar que es muy pobre la situación en que se encuentra (…) Este pueblo o Capilla de Nuestra Señora del Rosario de la Bajada, está distante del Puerto a dos millas al 2º cuadrante, situación bastante desgraciada, habiéndose podido fundar sobre la misma barranca que es hermosa…”

 

 

Testimonio del escritor Juan Parish Robertson, 1811 o 1812

“Encontré al puerto de la Bajada, situado al pie de una barranca altísima, pero sumamente inclinada. La Villa, distante del puerto, está en lo alto y de aquí deriva su nombre: Bajada de Santa Fe¨. Pudiera haberse llamado el Gólgota del ganado, pues estaba el terreno cubierto, no solamente de cráneos, sino también de osamentas. Estaba completamente rodeada por mataderos y corrales, o mejor, en vez de estar rodeada la villa, constituían parte de ella”.

 

 

Descripción por Alcides D’Orbigny (naturalista francés) en su paso por la bajada del Paraná  hacia Corrientes y a su regreso.

Febrero de 1827 “… Nos hallábamos frente a las altas barrancas calcáreas de la provincia de Entre Ríos, en la que está situada la capital de esta provincia, la Bajada, ciudad bastante grande, compuesta por un grupo considerable de casas y cuya iglesia, que parece ser vasta, dista cuarto de legua de la costa del Paraná. Un puertecito donde cargaban varios barcos, así como toda la costa, tenía un aspecto tan vivo que rompió para mi, la monotonía de tantas largas jornadas en las que no había visto otros hombres que mis compañeros de viaje. A lo largo de la escarpada barranca advertía, a diversos niveles, hornos de cal, que proveen parcialmente al consumo de Buenos Aires (…) Los pobladores se ven en la necesidad de ir en busca de madera a las islas, para calentar los hornos de cal (…) para lo que hacen cruzar caballos a las islas de la otra costa del Paraná, pese a la profundidad (…) atan dos caballos juntos, montan uno de ellos, los lanzan de la costa de la Bajada, nadan con ellos guiándoles al medio del río, luchando con la fuerza de la corriente, hasta alcanzar una isla…”.

 

De regreso de Corrientes el 5 de mayo de 1828, vuelve a describir el lugar:

“Ponto tuvimos a la vista al puerto de la Bajada, capital de la Provincia; nos dirigimos allí y no tardamos en vernos en medio de una veintena de barcos grandes y pequeños, que cargaban o descargaban. Ese Puerto de la Bajada consiste en un hundimiento de la costa, defendido de los vientos del sur por una barranca muy alta, está ubicado en un arroyuelo que permite a los barcos llegar hasta la misma costa. En el desembarcadero hay muchas cabañas pequeñas entre el canal y la barranca, que sigue hacia el note, sobre la pendiente, a mitad de la cuesta, está colocada la casa de la Aduana y del capitán del puerto, de manera que desde el mismo río se ven los barcos y el movimiento comercial. El panorama está limitado por las barrancas cubiertas de prados, sobre la pendiente hay trazados numerosos senderos entre los cuales está el gran camino que va hacia la aduana y a la ciudad propiamente dicha (…) El espacio comprendido entre la barranca y el Paraná está cubierto de todo lo que caracteriza a un establecimiento de esa naturaleza: troncos de árboles para construcciones dispersos acá y allá, viejos barcos abandonados y pequeñas chozas donde se venden bebidas a los marineros (…) Ascendí a la cima de la barranca por un camino tortuoso en estado bastante bueno; una vez en campo raso, vi la ciudad de la Bajada, situada sobre el río…

 

 

El Naturalista Carlos Darwin, en 1833

“Cruzamos el Paraná para ir a Santa Fe Bajada, población situada en la orilla opuesta (…) Bajada es la capital de Entre Ríos. En 1825 la ciudad contenía 6.000 habitantes y la provincia 30.000. Más a pesar de su escasa población, ninguna provincia ha sufrido revoluciones más sangrientas y obstinadas. Se ufana de poseer diputados, ministros, un ejército permanente y gobernadores, de modo que no son de extrañar las frecuentes perturbaciones del orden público. Con el tiempo será una de las regiones más ricas de La Plata”.

 

 

Observaciones del Dr. Burmeister. 1857

“La costa escarpada casi a pico de la formación terciaria, abierta en varios sitios por las caleras alineadas a lo largo de la orilla junto a grandes hornos de cal en los que se quema piedra calcárea y luego embolsada se envía a Buenos Aires. Una vida activa comercial e industriosa se descubre como por encanto en este país joven, cinco hornos trabajan allí a poca distancia uno de otro, poco antes de llegar al último de estos, se descubre el Puerto”.

 

 

Anotaciones del Dr. Thomas J. Hutchinson. 1862

“…Como a tres leguas de distancia se llega a la vista de la ciudad de Paraná -Capital de la Confederación Argentina- que presenta desde el río, un panorama muy atractivo. Está situada sobre el más elevado terreno que he visto hasta ahora a este lado de Montevideo, hallándose completamente a descubierto los grandes edificios de la Casa de Gobierno, las iglesias y el Teatro (…) La bajada tiene como media docena de casas, incluso la Capitanía del Puerto, que es la única Aduana que hay aquí. Atravesando un pequeño puente, colocado sobre un pantano, se sube por un empinado y tortuoso camino que tienen más de una milla antes de llegar a nada que pueda llamarse calle (…) Se me dice que la ciudad del Paraná tenía, según el censo de 1858, una población de 10.300 habitantes…”

 

 

Referencias del Sr. Thomas Woodbine Hinckliff. 1861

“…La orilla se presentaba seca, cubierta de cascajo y arena suelta que a la hora del mediodía calentaba mucho. Las barrancas son de considerable altura, unos doscientos pies de apariencia, y cuando no las cubren pastos o arbustos, son blancas como acantilados de yeso (por la gran cantidad de conchillas) y los trabajos para extraer cal viva. Un camino de sigzag que comunica el puerto con la ciudad, sube por la parte más accesible de la barranca; no encontramos caballos en el puerto y convinimos, urgidos por el calor y tomando las cosas en broma, entrar en la ciudad sobre una carreta de bueyes que rondaba por ahí guiada por un negro joven. Subimos a este vehículo mientras los bueyes ascendían serpeando por la barranca con su acostumbrada lentitud, nos divertíamos charlando con el carretero… En las proximidades del puerto hay algunas casas esparcidas, y en lo más alto, por la parte del norte hay algo así como un conato de fortificación…”